jueves, 28 de julio de 2016

25. #CLCPLR


25. 

            Empezar de cero.
            ¿Eso era lo que realmente necesitaba? ¿Empezar de cero?
            Empezar a construir una vida desde la nada es difícil, es prácticamente imposible. Yo no llegué a empezar una vida de cero, no. Simplemente cogí los pedacitos que me quedaban y la reconstruí poco a poco. Como esa pila de vasos de plástico que amontonas una noche de borrachera con tus amigos. Frágil y fina, pero jodida y misteriosamente resistente.
            Y es que al fin y al cabo éramos eso, vasos de plástico apilados en una mesa que se tambalea, haciendo malabares en una cuerda floja que parece que se va a romper en cualquier momento; y preocupándonos más por esa persona que parece que pasa de nosotros que por no tropezar y caer de rodillas en el asfalto.
            Y es que es así, viene como un flechazo en el culo y acabas cayendo de bruces en esa burbuja rosa que parece flotar a tu alrededor. No lo ves venir, solo te das cuenta de que estás atado a esa persona cuando ya es demasiado tarde para ir marcha atrás. Incluso hay un término italiano para eso, se llama «Il dolce far niente»; traducido como «Lo dulce de no hacer nada».
            Funciona así: te vas enamorando de esa persona poco a poco, hasta que necesitas ir amándola a media velocidad e ir acelerando cada vez más y más; hasta acabar derrapando en el asfalto mojado de la carretera. Prácticamente, sin haber hecho nada para poder evitarlo.
            — ¡Oye, Max! — Me llamó la atención Ian. — ¿Estás nerviosa?
            Hacía medio año desde que todo acabó, desde que Micah desapareció del mapa en un agujero más hondo que cualquier fosa común en la que pudiera esconder la cabeza; medio año desde que el barrio descubrió que Michael estaba más involucrado en el tema de lo que decía, medio año sin muertes de chicas inocentes apareciendo en barrio, medio años sin efectos colaterales como Ciara, Dakota o Rose, medio año de absoluta tranquilidad...
            — ¿Por qué iba a estar nerviosa? — Pregunté, frunciendo mucho el ceño.
            — Porque tu novio está a punto de jugárselo todo. — Confesó.
            Hoy era el gran día de Dan; había convencido a Lennon de jugárselo todo a un estúpido juego de motos, algo así como una carrera de relevos por equipos, solo que, en vez de ir corriendo, iban en moto. No sé, una rayada que flipas.
            — No es mi novio. — Fue lo único que dije.
            — Ya, — Asintió Reed, rodando los ojos.seguro…
            Era verdad, Dan y yo no teníamos nada serio, éramos algo así como follamigos. Y con eso nos bastaba, estábamos bien así.
            Habíamos aprendido a recorrernos el uno al otro, a conocernos tanto que nos habíamos hecho al dominio de nuestros cuerpos; sabiendo en que curva doblar y en qué recta acelerar. Nos habíamos devorado el uno al otro, comiéndonos crudos y con patatas, sin lubricante y con preservativos; nos habíamos visto desnudarnos y cubrirnos con vergüenza; sobrios recién levantados y borrachos llenos de ojeras. Nos habíamos tocado, besado y hecho el amor; pero nunca habíamos hablado de promesas de fe en los imposibles.
            — No sé si sois hipócritas o estáis ciegos. — Murmuró Calipso, subida a horcajadas sobre la espalda de Brandon, como si fuera un mono muy pesado y extravagante. Tal vez esperaba ver mejor la carrera desde ahí arriba.
            — Lo que vosotros digáis…
            Había venido todo el barrio a ver el espectáculo, todos sudorosos y pegajosos con ganas de dejarse la garganta gritando a otros tíos todavía más sudorosos y pegajosos que ellos. Qué irónico.
            — ¿No vas a desearme suerte? — Me preguntó Dan, apareciendo de la nada detrás de mí y abrazándome casi como si me meciera.
            — Vas a necesitar mucho más que suerte esta noche… — Murmuré, pero no lo decía enserio. Prácticamente el resultado estaba decidido antes incluso de que empezara la carrera, el equipo de Lennon era tan lento que dudé de si el japonés no iba a dejar ganar al moreno a propósito.
            — ¡Venga, ya! — Se quejó, dándome la vuelta para que pudiera ver su ceño fruncido. — ¿No te dije una vez que lo que cuenta es el corredor?
            Sonreí y asentí.
            — Y si no recuerdo mal esa apuesta la gané yo… — Mustié, llevándome una mano a la barbilla, como si el recuerdo estuviera borroso.
            Dan se llevó una mano al pecho y ahogó un grito con todo el sarcasmo que pudo poner en aquel gesto.
            — ¡Me saboteaste, tramposa! — Me acusó, pero no pudo evitar soltar una carcajada en cuanto vio mi cara de espanto.
            — ¡No lo digas tan alto! — Lo mandé callar.
            Tranqui, macarroni; no hay nadie escuchando…
            — Eso no lo puedes saber…
            — Sé lo que quiero… — Murmuró Dan, acercándose hasta juntar nuestras frentes. — Lo que siempre he querido…
            Le besé lentamente, regocijándonos en el contacto frío hasta que los ojos se nos cerraron.
            — No sabía que lo hubieras querido desde hacía tanto tiempo. — Murmuré, dejando de besarle unos segundos.
            — Eso es porque no te lo había dicho… — Soltó una risilla. — Desde el primer cigarrillo que me pediste… Tal vez antes.
            — Eso es imposible. — Dije divertida.
            — Ya, solo quería ver tu cara…
            Sonreí, volviendo a darle un beso en los labios.
            — Tira, tienes que volver a ganarte tu puesto en las carreras. — Empujé a Dan hacia las caballerizas y, cuando lo vi desaparecer escaleras abajo, le deseé buena suerte.
               Y es que puede que sea porque estoy loca, pero ahora entiendo a los locos. Ahora entiendo el porqué de sus locuras. Ahora entiendo a todos esos adolescentes haciendo pellas o viviendo la vida sobre una cuerda floja. Ahora tengo respuesta para todos aquellos profesores y maestros que me preguntaban por qué hacía lo que hacía, por qué tiraba a la basura mi futuro.
            Simplemente es un mecanismo de defensa, un acto reflejo de la vida para asegurar su supervivencia. Porque es esa locura lo único que nos aleja de la demencia.

FIN.

Copyright: Yanira Pérez - 2015-2016


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