martes, 22 de noviembre de 2016

Musa.


Musa

Decidle a Calíope que vuelva, 
que sin ella la vida no tiene sentido.
Que cuando se muere tu musa ya no queda nada por lo que vivir.
Que solo te queda el tiempo atrapado en una excusa;
que la diferencia entre la vida y el sueño es difusa. 

Decidle a Calíope que no llore, 
que llorar si no es para escribir un poema no tiene sentido.
Que ya lo dijo Omero en su prosa, 
que lo que más jode es saber que se ha ido. 

Y yo ya no sé si voy o vengo, 
si nunca fui o seré;
que qué cojones me importa el mañana
si ahora no estás y quiero.

Decidle a Calíope que la echo de menos,
que he perdido la cuenta de las veces que he escrito su nombre en blanco,
y que me recuerde si esto que siento ya lo que sentido 
o es solo que lo siento tanto. 

Decidle a Calíope que me lea
una historia de amor como la de Patroclo y Aquiles.
Una trágica y hermosa que me recuerde a la vida,
y que Clío se muera de envidia al escuchar su voz en la distancia de su huida. 

Decidle a Calíope que la quiero, 
que si ni siquiera Orfeo pudo resistirse a echar un vistazo, 
como espera ella 
que soporte su despedida sin abrazo. 

Decidle a Calíope que me enseñe, 
que a ser puta no la gana nadie, 
y que ni la vida es tan cabrona como ella. 
Que necesito afrontar su ausencia con ironía,
porque sus cicatrices han dejado herida. 

Decidle que no lo digo enserio. 

Decidle a Calíope que vuelva,
que vuelva ahora o vuelva en eones.
Que se demore en su decisión como con Adonis,
pero que vuelva; que tanta soledad
me tiene hasta los cojones. 



© 2016 Yanira Pérez.
Esta historia tiene todos los derechos reservados.

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